06 noviembre 2009

Laura Betarragas y el infortunio del inocente Heracles


A sus 25 años era Laura una veterinaria de excelencia y poseedora además de un culo exacto, cuyas tetas le brotaban como rosas desde el pecho en dos mitades espléndidas. Jaime por su parte de vez en cuando fumaba, caminaba como palomo y hasta cada dos días solía vagar por las calles del sector oriente buscando algún trabajo ocasional, aunque con el deseo honesto de jamás hallarlo. También le gustaban los zorzales y los árboles.

Aquella tarde como tantas otras veces transitaba vagabundo en busca de casi nada cuando entonces evitando el infortunio del gato negro que se atravesaba en su camino, decidió patearlo tan fuerte que este fue a estrellarse contra un árbol quedando con convulsiones en el suelo.

-¡Ahí tení gato reconcha e tu zorra no mah!-Se dijo satisfecho cuando un grito nervioso lo sacó de su sincera alegría. Fue así que al voltear notó de pronto la presencia de Laura tan perfecta en sus caderas y su pelo que cual madre herida en lo más hondo se acercaba hasta el gatito moribundo. Jaime que a decir verdad era un ser de baja estirpe y más bien un tanto despreciable se aventuró escandalizado entonces hasta el gato tomándolo con rapidez y delicadeza entre sus brazos, mientras forzaba no pestañar para repletar su ojos de lágrimas.

-!Pero quién puede ser tan desalmado mi diooooss, quieeen!-Vociferaba lloriqueando mientras sorbeteaba unos mocos y arrumaba al felino contra su pecho con ternura de madre. Derrochando tan desmedido aprecio estaba este, que la buena de Laura no pudo más que embobarle tal gesto de viril humanidad.

-!Pero que alguien llame a un doctor que este pobre gatito se muere en mis brazos dios mío!-Gritaba Jaime mientras Laura con los pezones ya endurecidos de la emoción lo observaba poseída del encanto.

-Yo soy veterinaria-Le dijo tímida entonces con la insistencia de su boca. Esto mientras comenzaba a conducir al maldito gato negro y al pelafustán de Jaime hasta su departamento. Ya una vez ahí procedió rápidamente a poner sobre una camilla al bicho aquel y a darle los primeros auxilios necesarios, mientras que Jaime ya más bien interesado en tan lujoso espacio y su acolchada alfombra olvidaba por completo al maltrecho felino.

Laura luego de examinarlo un rato observó que se hallaba en perfecto estado y hasta lo adoptó de inmediato dándole de comer de sobra. Jaime fingiendo de esta forma emoción por el hecho lo acarició un par de veces y hasta se dispuso a marchar del lugar despidiéndose cortésmente de la muchacha, sin embargo, esta se lo impidió sentándolo a su mesa mientras le ofrecía unos bocados y variadas carnes.

-Mira ayer fue mi cumple años y esto sobró, y pensé que podíamos compartirlo-Dijo silenciándose un momento-Digo, quizás en recompensa a tan valiente y lindo gesto de tu parte poh.

Jaime que la observaba con falsa modestia y con ganas robustas de morderle una teta y besarle para siempre el punto céntrico y celestial de su culo exacto, es que decidió sin duda quedarse. Sin embargo, manteniendo una cara enternecida rehusó el ofrecimiento indicando que no acostumbraba a comer carne por ser esto una afrenta al sagrado reino animal, y que a decir verdad era incapaz de consumir nada que produjese sombra. Luego de esto procedió con parsimonia estúpida a vaciar toda la fuente de betarragas sobre su plato, y levantando luego una copa de vino tinto osó brindar incluso por la salud de gatito "Heracles".

-!Por Heracles!-Brindó también risueña Laura mientras se alegraba profundamente por tal encuentro.

Pasaron las horas durante las cuales escucharon Jazz y Bossa Nova, cuando Jaime se atrevió a besar tiernamente la mano de la muchacha en señal de despedida. Incluso se dispuso a levantarse desde las felpas de la alfombra blanca, cuando Laura lo retuvo del pecho otorgándole un beso tibio e inolvidable desde su boca roja e hinchada. Jaime por su parte arrojándose un instante infinito sobre sus labios comenzó desesperado a morderle los hombros temblando y hasta santiguó su rostro contra las tetas buenas y sinceras de la sobresaliente Laura. Adorándole luego de espaldas ésta y siendo ingresada hasta más allá del alma por el muchacho, quien con su mano abierta golpeaba su culo de diosa endemoniada.

El gatito Heracles los miraba culear impasible a instantes mientras jugaba con un calcetín de Jaime justo a un costado de su pierna.

-!Encima, por favor hazlo encima¡-Le susurró poseída entonces luego de un rato mientras Jaime el amante de los animales, desenvainaba desde las entrañas de Laura una muerte derramada y explosiva que la recorría desde ombligo hasta su cuello. Unas tibiezas totalmente enrojecidas se asomaron de pronto ante el impacto de ambos. Eran estas unas leches rosadas más extrañas inclusive que las conchas de sus propias madres y abuelas fusionadas, atentos lectores.-

-!Qué tal, ahora también en variados colores y diseños caserita!- Alcanzó a decir apenas el pálido e intrépido muchacho antes de desmayarse sobre el gatito Heracles que hasta se veía contento por tanta dicha junta.

La fragancia de un perfume inolvidable y el roce exacto de un pezón tensionado sobre sus labios trajeron de vuelta al muchacho, quien tumbado de espaldas sólo veía la boca leve y risueña de Laura.

-Fue sólo el budín de betarragas tontorrón, que se te fue a la uretra-Le dijo alegre-¡Ahora chupadla!- Intervino nuevamente entre risas Laura, antes de hundirle la cabeza con ambas manos dentro de sus cavidades perfectas.

25 octubre 2009

Viaje por el sur

Manejo por Chiloé. Llueve con viento, hace frío. Me bajo una vez del auto para sacarme una foto, pero corre tanto viento que apenas la máquina hace lo suyo, vuelvo corriendo a encerrarme. En el camino recuerdo a mi padre. Pienso que Heart-Shaped Box es la mejor canción que he oído. Pienso también que si le contara a mi papá que existe la posibilidad de que su hijo conozca China, se pondría muy contento. Pienso en Marcelcito, que se irá por muchos días, regresando seguramente más rubio, con más dientes y caminando. Pienso en que tengo hambre y que he hecho pichí muchas veces en muy poco tiempo. Me imagino durmiendo, teniendo plata para pagar un hotel sólo para dormir un par de horitas. Pero no. No hay tanta plata como hay tanto sueño.

Hice pichí en el aeropuerto. También en el transbordador. Ahora estoy en un lugar donde no hay nadie, cerca de una planta procesadora de choros zapato. Está lleno de pájaros que vienen por su vianda en el desagüe de la industria. Tengo la duda sobre si aguantarme las ganas de mear por tercera vez o derechamente bajarme y, debajo de unos palitos protectores, echar la corta, mear, orinar. Me decido, las ganas son muchas. Me bajo, llueve todavía y el piso está resbaladizo, como pantanoso. Me mojo y corre viento. Y como corre viento, casi me mojo. El chorrito se desvía hacia mí, alcanzo a hacerle el quite y dirigirlo con más fuerza, para que choque con un tronco y no con mi pierna.

Vuelvo al auto, echo el asiento para atrás y trato de leer. No se puede, me quedo dormido y al rato despierto con la feliz sensación, más bien con la más absoluta certeza, de haber dormido arriba de un auto arrendado, en la desembocadura de un arroyo, y con el cantar de los pájaros de fondo. Me gusta manejar, me doy cuenta de ello cuando veo que he manejado casi 400 kilómetros en un rato y estoy contento. Suena el teléfono para darme noticias. Me alegro aún más. Vuelvo a pensar en mi papá, también en mi mamá y en mi abuelita. Manejo de vuelta, dejo el auto en Castro. Llueve con viento, tengo el pelo desordenado y húmedo. No he almorzado, me comí sólo un paquete de galletas. Hago pichí otra vez, ahora en un restorán cuyo baño no tiene espejo ni jabón ni nada. Afuera llueve cada vez más fuerte y corre un viento de mierda.

Manejo bajo un temporal. En la radio suena una canción que me recuerda a mi papá. Llego a Ancud. Me duele la espalda, le echo la culpa al asiento de la camioneta arrendada, pero quizás sea porque camino como chimpancé o quizás sea que mi mochila pesa mil kilos. Todo para traer el notebook que siempre llevo al trabajo y nunca lo ocupo para trabajar. En Ancud me confirman que he viajado mil kilómetros para puro huevear, así que, ya con permiso, sigo hueveando. Me compro una empanada de carne, pero le saco el huevo y dos pasas que contaminaban su sabor. Me bajo a botar la basura, pero el agua del canal de Chacao golpea fuerte el transbordador, y me salta a la cara. Tengo, ahora, la cara salada. De nuevo quiero hacer pipí. Manejo hacia Puerto Montt, donde anhelo descansar de una buena vez tras haber hecho nada. Me levanté a las 4 de la mañana y he manejado por horas por hermosos parajes sin aportar nada a la humanidad. Merezco dormir.

En Puerto Montt me dicen que no hay habitaciones. Busco un baño, por quinta vez en el día. En el mall de la ciudad desahogo mi vejiga, que hoy me ha apremiado sobremanera. Escucho las radios, donde un huaso que sesea habla de básquetbol comunal. Una mierda. Traje dos discos, pero los he escuchado mil 500 veces este día, no quiero más guerra. Llego a Puerto Varas, pero los hoteles me cobran un ojo de la cara y el píloro por dormir. Me retiro cabizbajo, más cuando descubro que en el peaje me cagaron. Al fin encuentro un hotel decente, donde me venden una lata por 800 pesos. Me quiero acostar, pero antes de eso hago pichí, me tapo con una frazada y segundos antes de dormirme, vuelvo a pensar en mi padre.

20 octubre 2009

Vida de perros

El perro amarillo vivía en el bloque de enfrente y tenía dos características importantes. La primera es que tenía más músculos que la chucha y la segunda es que era más picao a choro que el Indio Juan y el Cisarro juntos. Resulta que no podía mirársele feo al perro culiao, porque se ofendía. Tampoco olvidaré la tarde en que pasó a mi lado, y a mis casi 4 años su hocico pasaba largamente mi cabeza.

El asunto es que un día mi hermano transitaba con su infancia y sus bolitas distraído por el pasaje, cuando entonces el perro no halló nada más bacán que tomarlo entre sus fauces desde la ropa y zamarrearlo como un trapo viejo. Ahí iba el pobre de un lado a otro batido en el aire como una hojita al viento, cuando entonces pasó mi tío Miguel (que en esa época era terrible kunfuteca) y comenzó a darle unas patadas shaolines del dragón, iniciándose la zorra respectiva. Porque el perro se le tiraba como demonio y mi tío le aventaba camotazos feroces de 200 kilos cada uno, los cuales no le hacían ni cosquillas. Por el bien de mi valiente tío Miguel y mi hermano, el perro fue detenido a tiempo por su irresponsable dueño, y atropellado a la semana siguiente por un camión con acoplado. Me dio pena verlo reventado esa tarde a un costado de Departamental.

Nunca olvidaré el resplandor de sus dientes blancos y bellos, entre sus mandíbulas destrozadas.

Tres años más tardes en Isla de Maipo nuestro amigo El Caruto, un cándido niño de profunda buena influencia que nos instruía acerca del choro, las tetas, la paja, las peleas, los cigarros y de no hacerles caso a los viejos, llegó una tarde con su perro quiltro gigante y dijo que debíamos cruzarlo con nuestra perrita quiltra llamada Daisy, que era una combinación de bulldog y chiguagua, ciertamente un adefesio muy extraño y dulce, de manchitas café sobre un fondo blanco.

Bastará con decir que la idea nos pareció bastante excelente a decir verdad, por lo cual pusimos de inmediato manos a la obra. Y es que de pronto ahí estábamos los tres weones montando a la fuerza al perro sobre la pobrecita y pequeña Daisy, que no entendía nada, o casi nada. Habremos pasado tres horas en esta faena quedando absolutamente pasados a cacha de perro, con leves secreciones esparcidas por nuestras ropas y rostro del perro culiao de Caruto, sin que el desesperado canino pudiese concretar su acto.

El Caruto, totalmente decepcionado de su animal, comenzó a sacarle la rechucha, y debo confesar (ya luego de muchos años) que conociendo la naturaleza oscurecida de nuestro amigo, por un momento creí que sacaría su pichula y se la mandaría a guardar entera a nuestra pobre perrita Daisy, para luego gritarle a su perro: "¡Así se hace mierda, así se hace!". Por suerte no ocurrió nada parecido.

El asunto es que ante tanto escándalo salió repentinamente mi vieja y al notar entonces la filantrópica empresa de sus retoños, se sintió tan orgullosa que comenzó a sacarnos la reconchesumadre con una manguera verde corta que tenía para situaciones extremas como ésta.

En la misma época me fui un verano a vacacionar donde mi tía Nardi allá en Los Morros, cuando una mañana más diáfana que la chucha de septiembre me enviaron a comprar el pan. Iba llegando a la panadería cuando vi que una citroneta verde le pasó por las patas traseras a un quiltro grande de orejas largas y manchas negras. Hasta ahí todo relativamente bien, cuando entonces comencé a oír los aullidos inconsolables del perrito y la grotesca imagen de sus testículos y tula reventados en una masa de carne y huesos de sus patas arrolladas. Ante esto procedí inmediatamente a desmayarme en la puerta de la panadería, siendo despertado por los panaderos y las niñas del pan, que me echaban aire con sus delantales con olorcito a marraquetas crujientes. Luego de un rato me levanté y compré el pan como todo un mártir.

Fue así que cuando me disponía a irme forzándome a no mirar por nada del mundo, e incluso caminando de espaldas a lo Michael Jackson, es que no pude contener la morbosa curiosidad de verlo una vez más. Sólo una más. Y es que al verle de nuevo agonizante con su parte inferior destrozada, procedí a desmayarme inmediatamente, pero ahora con las manos en los coquitos, pah que no se me salieran como el pobre canino aquél.

Pasaron otro par de años y nos fuimos a la Rinconada de Maipú, allá en el último lugar de esa comuna en un fundo jurásico. Llegamos con mi familia y como yo me venía recuperando de una quebradura en la que un médico culiao del Félix Bulnes me volvió a su lugar la muñeca mientras discutía con su señora por teléfono, es que entendí de forma empírica el procedimiento de arreglar huesos. Fue así que al adoptar al Oso, un perrito quiltro café de mediano tamaño, una mañana mientras lo alimentaba noté que su patita delantera se hallaba mala porque no la ocupaba, entonces se me ocurrió la buenísima idea de pescarle su pata y tirársela más fuerte que la chucha igual como lo hizo el doctor conmigo. Sin embargo, el Oso en vez de agradecérmelo y volverse mi amigo fiel, me agarró dos dedos de mi mano izquierda con su hocico y comenzó a desgarrármelos hasta los huesos. Situación que me llevó a tomar un ladrillo lateral y romperle una ceja y tal vez un ojo. Mi mamita me abrazaba risueña luego diciendo que yo era un héroe, mientras mis dedos no paraban de sangrar.

Con el Osito fuimos grandes amigos desde entonces. Él agradeció siempre que yo le hubiese arreglado su patita coja y hasta no le importó que casi le volara su ojo izquierdo.

La verdad es que a mí tampoco me importó que casi me arrancara los dedos.

13 octubre 2009

La superación de las ideas




Me gustaría escuchar de boca de alguno de los candidatos por ejemplo, que salga o no electo Presidente de la República, sí trabajará de manera ardua en la transformación de un mejor país. Y que en esta disposición honesta comprometerá de manera honorable a todos los weones que él representa y que lo han apoyado en este proceso, en la intención de no sólo fiscalizar al nuevo gobierno electo, si no que también de construir en conjunto con él, formas y estructuras que hagan de las nuevas ciudades residencia de individuos, ciudadanos y sobre todo seres, escencialmente más alegres y dispuestos.

Que este concepto de servicio público y gestión política, se volviera entonces el ejemplo que permitiera comprender y redescubrir el pequeño y trascendental gesto de una democracia activa. Y que esta nueva forma de cooperación o democracia, se emplazara por el sólo hecho de entender de pronto (o quizas recordar de forma sincera) que la política no sólo de trataba de ellos y las legiones partidistas que representaban. Si no que más bien (y ya sin lugar a dudas) del "otro". De aquel ser invisible, anónimo y sin embargo colectivo. De aquel pueblo pobre y desafortunado, pero también del de clase media e incluso del rico y acaudalado (tan o menos responsable que los anteriores, según sea el caso). Ciudadanos todos más allá del accidente de las clases sociales, con la necesidad de sentirse realizados, alegres y parte de un sistema social coherente y mucho menos cobarde

Que la clase política comprendiera de pronto que no se trataba en lo absoluto del sillón presindecial o los cupos senatoriales por no sé qué distrito, si no que de algo mucho más profundo que sus propias estructuras. Que por un momento pudiesen concebir una visión más universal, conforme a que eran las ideas las que debían de estar al servicio del hombre, y no nosotros encarnizados, fragmentados e imposibilitados por ellas-.

Comprender en definitiva que la labor política, pública y social se trataba esencial y primordialmente del "otro" y de todos. Incluyendo en esta nueva mirada a sus propios opositores políticos, y bandos opuestos, los que más tarde se visionarían tan sólo como distintos en una plataforma de cooperación.

Es decir de ese "otro" que también soy yo, en la mirada del "otro" .





28 mayo 2009

La farandulización de la pobreza, o acerca de cómo limpiarse la raja con un asunto de profunda importancia histórica.


Dejándose de cosas (weones todos) la única y verdadera santa "Batalla contra la delincuencia" invocada por los más oportunistas servidores públicos; instituciones políticas hipócritas; medios de comunicación (ciertamente los más viles profitadores de todo este pan y circo) y hasta comunes ciudadanos asustados, debiera ser más bien un pronunciamiento a emprender "Una Guerra campal, en pro de las posibilidades y punto". Y así de una vez por todas reparar el accidente histórico y profundo daño que representa el nacimiento, o mejor dicho el aborto de todos estos barrios-desdicha, mal llamados flaytes.

De todos estos guetos criollos y emplazamientos urbanos con circunstancias de vida absolutamente miserables (o en "riesgo social" como dirían los entendidos en la materia) tales como La Legua Emergencia (Comuna San Joaquín); San Gregorio, La Yungay, La Joao Goulart (Comuna La Granja): El Volcán; El Castillo; La Carol Urzúa (Comuna Puente Alto); La Victoria; Las Lilas (Comuna Pedro Aguirre Cerda); La Santa Adriana, La Santa Olga (Comuna Lo Espejo); La Pincoya (Comuna Huechuraba); La Santa Julia (Comuna Macúl); Intendente Saavedra, La Sara Gajardo (Comuna Cerro Navia); Villa San Luis (Comuna Maipú); La Santa Corina (Comuna de Pudahuel), entre las más emblemáticas. !ABSOLUTAMENTE TODAS ELLAS EMPLAZADAS Y SURGIDAS A PARTIR DE TOMAS ILÍCITAS DE TERRENO; MIGRACIONES OBRERAS Y CAMPESINAS, O SIMPLEMENTE EL RESULTADO DE PÉSIMAS Y VERGONSOZAS SOLUCIONES HABITACIONALES OTORGADAS POR LOS DISTINTOS GOBIERNOS DE TURNO, EN LOS ÚLTIMOS 50 E INCLUSO 80 AÑOS!.

Basta más que un breve análisis temporal del asunto, para comprender el hecho de que ninguno de estos barrios se creó por generación espontánea ni nada que se le parezca, y que hicieron falta decenas de años de descuido por parte de todos los actores sociales ya sean de las viejas o nuevas izquierdas (que se perdieron y desgastaron entre autocompaciones; desacuerdos corporativos-religiosos y odios abismales que sesgaron sus últimas posibilidades de lucha) y por su puesto de la derecha política (que luego de su participación directa o moral dentro del proceso más sangriento de nuestra reciente historia nacional, no supo más que patalear y criticar sin propuesta alguna de base, a la oposición concertacionista de turno). En conclusión ambas dormidas por sus anhelos de poder (una en conservarlo, y la otra en obtenerlo) inconcientemente no hicieron más que coludirse de manera simbiótica y tácita en la desidia más descarada y terrible de todas, es decir, en el abandono total de un problema cuya raíz no estaba ni en el incremento de la mano dura y la intervención barrial de la policía militarizada, ni menos aún en eternos foros sociales, o la marchita seudo revolucionaria de turno. Sumen por favor a esto, otras decenas igual de años de frustraciones, desesperación, hambre, frío, rabia e ignorancia, por parte de generaciones y generaciones de pobladores y familias que no tuvieron más herramienta que la misma pobreza en abundancia, y el desconsuelo de ver explotar día a día, mes a mes y año tras año, un proceso de marginalización inevitable del cual hoy en día incluso nadie, pero absolutamente nadie pretende hacerse cargo.

Resulta una vergüenza nacional e histórica, que con los avances en materia económica y social y a pesar de las fuerzas productivas imperantes y de la revolución tecnológica cotidiana, no se haga nada por comprender que la única solución coherente a este problema, es volver la mirada hacia estos barrios ya sin miedo ni rencor por las afrentas cometidas por un puñado envilecido y desafortunado, y entregarles entonces las posibilidades que se merecen sus miles de habitantes. Resulta un gesto de amor y de solidaridad (y no aquella falsa, de la que tanto ostentan los más ingenuos a través de la TELETÓN, u otros fenómenos simplemente mediáticos) devolverles de una vez por todas las posibilidades, a través de un barrio embellecido por lugares verdes, con muchas ligustrinas podadas y repleto de flores; un lugar donde los niños puedan divertirse y jugar ya sin miedo en plazas espaciosas y bien diseñadas. Donde el deporte a través del tenis; el basquetball; las artes marciales; el atletismo; la natación, el pin pon; el fútbol, etcétera y cada uno de los lenguajes artísticos-culturales vigentes como el teatro, la danza, la música, bajen de una vez por todas del Olimpo del dinero para asentarse de manera cotidiana en estas mismas plazas, y por fin esas madres puedan envejecer tranquilas y dichosas viendo crecer a sus hijos. Que esas mismas dueñas de casa y padres proveedores puedan ser capacitados en talleres de economía básica, que les permita volverse consumidores responsables y dejar atrás de una vez por todas la era del ciudadano crediticio (base de la crisis económica mundial actual, y terreno fértil para los monstruosos especuladores). Y entonces que esos padres también puedan envejecer tranquilos, viendo crecer y realizarse como seres humanos dignos, a sus retoños.

A todos esos niñitos que merecen mucho más que los basurales y sitios eriazos que como nación les hemos heredado; que merecen más que el tráfico de sus calles; que las balaceras diarias; que los códigos del gueto y la coa y la choreza y la astucia tan absurdamente generalizados. Que en definitiva merecen mucho más que ese gigante miedo de alas gruesas, que entra en cada uno de ellos como una corta lanza.

Basta señores de las cátedras y de las irrealizables promesas hipócritas.

!HA DE SER ESTE EL MÁS NOBLE E IMPORTANTE PROYECTO BICENTARIO, AL CUAL DEBIÉRAMOS ABOCARNOS COMO NACIÓN ENTERA!

07 mayo 2009

El anti maestro


Dedicado a una parte de mi ser, que traicionó todo lo explicado acerca de la conciencia y el sentido de la vida, por mis queridos y excepcionales maestros de adolescencia.

Arnaldo Higuera fue el mayor patán miserable, pelafustán, embaucador, delincuente, perverso y maquevélico que haya conocido ciudad alguna. Provisto de una infancia endurecida por la prostitución de su madre y hermanas, muerteas a manos de unos de sus tantos padrastros, y las constantes estadías de su padre en las distintas cárceles de la ciudad hasta su misma muerte, hicieron de él un animal bestial e implacable.

A medida que los años transcurrieron su siquismo fue adquieriendo un especial deleite por el dolor físico y las aflicciones mentales de todo tipo. Hermano del hambre, del frío y las desesperaciones más espantosas, recorría extensos tramos y aguardaba sigiloso largas jornadas en busca de sus presas; transeuntes de cualquier índole y de las más diversas clases sociales.

A veces asaltaba una tienda cualquiera, otras tantas un banco pequeño y alejado, hasta dar el gran golpe de extraer un cajero autómático luego de romper la ventanilla a cabezazos y cargarlo empapado de su sangre sobre sus propios hombros hasta una camioneta recién robada.

Fue así que Arnaldo Higuera sin ser jamás descubierto por aquello, regresó a su lugar de orígen en La Villa Los Nolascos, la cual era más bien un guetto empobrecido y miserable. Al llegar, se tomó uno de los tantos terrenos existentes y baldíos del lugar, el cual se encontraba habitado por 4 de los sicarios más temidos de la villa. Fue así que aquella noche aguardó simplemente a que se durmieran, y entonces les prendió fuego mientras su corazón se regocijaba de una alegría diáfana e infantil. Antes de enterrarlos, les quebró sus cuellos sólo por la satisfacción inefable de sentir el tronar de huesos entre sus manos y dedos, hábito adquirido ya desde la primera infancia. Es así que desde ahí todos le llamaron "El Maestro".

Un tarde de enero mientras caminaba rumbo a la plaza uno de los tantos perros pitbull del Choro Tranca, tomó entre sus fauces a un hijo de 6 años de la señora Meche. Lo tenía fuertemente aprisionado desde una de sus piernas a la altura de la ingle cuando entonces llegó Arnaldo Higuera y poniendo ambas manos en la traquea del animal la quebró al instante y mientras este agonizaba asfixiado, procedió a morderle desesperadamente el cuello a la bestia hasta extraer su sangre y darle por fin una muerte horrenda y dolorosa.

En el transcurso de dicha batalla el perro había alcanzado a perforar la vena femoral del pequeño, ocurriendo su muerte por desangramiento. Arnaldo Higuera, que jamás sentía dolor alguno, tomó al pequeño Brayan entre sus brazos y lloró amargamente aquella tarde, prometiéndose desde ahora asesinar con sus propias manos a cada perro de peligrosa raza existente en el barrio.

Fue así que para no declarar una guerra generalizada, invitó a cada dueño delincuente de estas bestias a peleas clandestinas cada sábado, donde cuyos feroces animales debían enfrentarse con él, con la condición de que si él les daba a muerte en batalla estos (sus dueños) no volvieran a adquirir uno jamás so pena de su propia extinción.

Fue así que las semanas transcurrieron y durantes 13 sábados continuados, vendando sólo sus brazos, piernas y torso, el barrio fue testigo de como El Maestro dio muerte con sus propias manos a cuanto pitbull y rotweiller osó enfrentarse con él. También tuvo que dar muerte a 3 familias de sicarios y narcos que rompieron el acuerdo planteado.

En el transcurso de los días ya con tres dedos menos de sus manos partidas y magulladas, un sólo ojo, y la cuarta parte de su mejilla izquierda y cuero cabelludo, acudió a la animita del pequeño Brayan, la cual se hallaba inusualmente rodeada de hermosas flores y pastizales espléndidos, los cuales fueron extendiéndose a través de los días practicamente por toda la plaza en que el pequeño había muerto. Mientras tanto, todos los jóvenes del lugar en imitación al Maestro, perro callejero que veían en la calle lo acribillaban con sus propias manos e incluso con palos y piedras hasta descuartizarlo, y es que ya los cannes nunca más fueron permitidos ni aceptados en el barrio.

Todos querían ser como El Maestro, y es por esto que cuando este comenzó a extender a fuerza de trabajo con sus propias manos el jardín accidental, originado por la sangre del pequeño Brayan, todo el barrio le siguió y luego de un año, la antigua pobla, toma, Villa Los Nolascos se volvió un lugar hermoso rebozante de alegrías y esperanzas. El Maestro además donó el dinero de todas sus fechorías pasadas en la construcción de escuelas y pequeños, pero equipados consultorios.

Hablando siempre poco sólo asentía con la cabeza los saludos, agradecimientos y halagos de sus semejantes, y también especialmente los cordiales ofrecimientos de las mujeres más hermosas del lugar, las cuales permanecían 2 o tres días a su lado retirándose de sus aposentos temblorosas y moribundas, aunque plenas de una dicha inigualable. Volvían así a casa de sus padre oliendo sus cabellos y sus dedos; palpando temblorosas sus entre piernas a la vez que cerraban adormilados sus ojos en un recuerdo delleitable.

Poco a poco se fue cercando dicho círculo hasta que ya 7 de las muchachas más bellas se asentaron defintivamente a viivir con el Maestro, con la seria y absoluta convicción de volverse sus esposas.

La villa Los Nolascos ya floreciente y envidiada, iniciaba las preparaciones para la fiesta más fastusosa y espléndida jamás conocida. Todos los preparativos fueron alistándose durante semanas enteras, preparaban en la escuela principal el gran anfiteatro gigante para el inigualable festejo. Las muchachas lucían hermosas aquel día, rodeadas de flores y perfumadas de las más finas escencias, los niños sonreían y jugaban enloquecidos. Todos los padres y madres sentían reventar sus pechos de orgullo. La jornada transcurría en armonía y dicha perfecta en espera del Maestro, el cual por fin cion un retraso de 20 minutos ingresaba al lugar entre aplausos y pétalos de todas las flores caminando y observando con amor y lujuria bestial a todas sus furtas esposas.

La ceremonia comenzó oficiada por el Choro Tranca quien había sido antiguamente aspirante al sacerodocio, sin embargo, expulsado de la escuela debido a unos amoríos con una madre superior y luego de golpear brutalmente a un cardenal de la época. Fue así que ya unidos todos en digamos algo parecido al casi sagrado vínculo, se iniciaron las celebraciones y mientras todos comían, bailaban y celebraban, el Maestro y sus esposas pasaron de inmediato hacia un cuarto especialmente dispuesto para ellos para oficiar las lunas de mieles correspondientes, las que se prolongaron casi un poco más de tres horas.

-!Queridos amigos, jóvenes, niños, madres y padres, amadas esposas, shoros todos y cada uno, ha llegado el momento de mi obsequio final hacia todos ustedes que hemos hecho de esta pocilga un Campo Eliseo!-Dijo rebozante de alegría entonces El Maestro, mientras todos absolutamente espectantes y fascinados vieron cómo sácaba desde abajo de la tarima un gran vela negra en oficio a los bellos días. Todos aplaudieron al únísono gritando: "!Gracias Maestro, gracias maestro!.

Arnaldo Higuera El Maestro, sonrió satisfecho como jamás en toda su existencia procediendo así a enscender la gran vela negra, cuando entonces en no más de 10 segundos todo el lugar comenzó a incendiarse de un fuego violento y explosivo. Niños, bebés, los padres todos e incluso sus propias esposas gritaban desesperadas mientras corrían ardiendo y envueltas en llamas hacia las puertas encadenadas, desgarrando sus cabellos y sus ropas; rasguñando sus rostros. Rompiéndose sus pies y pisoteándose los unos a los otros en una profunda desesperación y agonía, muriendo otros tantos de asfixia entre los gritos de dolor y de clamor. Toda La Villa Nolasco perecía calcinada aquella noche de Enero presa de una angustia y una pena inexplicable. Uno a uno, mientras el propio Arnaldo Higuera El Maestro, ardía en llamas poseso de una carcajada estentórea y endemoniadad; una carcajada furiosa y angustiante que aún deambula entre los árboles por la noches, y que hace morir a los perros callejeros que pasan por el lugar, de tan sólo escucharla.

06 abril 2009

Marcial cruzada

Dedicado a mi buen amigo e instructor Maximiliano Paul.
Y también a todos esos chiquillos culiaos que nos paran en la calle, a jurarnos que algún día entrenarán-

Bombardio Hernández, hombre de huesos largos y pómulos machacados; de nudillos partidos; orejas estrechas por el roce bestial de las luchas; cuello de rotweiller o pitbull, y poseedor de una contextura ciertamente espartana, se dirigía aquel día viernes como tantas tardes hacia su DOJO para brindar la clases a sus queridos alumnos.

Hace ya años instructor de artes marciales mixtas y discípulo otrora del gran sensei Gorila Martínez, entraba al DOJO siendo saludado con un "Osu" atento y dispuesto por parte de todos sus discípulos, los cuales uniformados impecablemente se hallaban listos para comenzar el entrenamiento a la orden del grito marcial. Así comenzaban los ejercicios de sombras, tomadas de cuellos, tacles y los exhaustivos ciclos de focos, golpes de puño, codos, patadas y rodillas.

Cada vez que un alumno sentía que su corazón iba a explotar o que su pulmones reventarían del cansancio, el sensei Bombardio se acercaba y le indicaba que no escuchara la bulla de la mente acerca del cansancio y esa palabrería, si no que descubriese con atención el lenguaje propio del cuerpo, de las pulsaciones del corazón y de la mucha capacidad que realmente tenía aún para proseguir el entrenamiento. Otras veces optaba simplemente por dar un controlado golpe en la espalda con la catana de bambú, aunque siempre acompañado de cordial sonrisa.

Es así que aquel día viernes mientras ya devuelta pasaba por la plaza de su barrio, y ya hastiado de que los muchachos tranquilos y sanos del lugar durante años se acercasen cada vez que andaban motivados por los pipazos de pasta base, abundante cocaína e ingesta excesiva de ron, le dijeran:

-!Pero weeena compare Bombardio. Oiga cuánto era que cobraba en su gimnasio? Yo este martes voy sin falta wn, palaabra hermano. !Déme la mano, pah que cache que es cierto!-Decía el Loco Guari, mientras de las penumbras aparecía con cara de ezquizofrénico el Care Ficha.

-Si yo cacho su volá compare Bombardio, usted eh terrible calle no mah; terriblemente vío calmao no mah. ¿Le conté algunas vez que yo soy cinturón naranjo en Karate Shofo Kan?-Decía tomando una pose de combate totalmente absurda y ridícula.

Es así que Bombardio Hernandez aquella noche ya absolutamente encolerizado ante tal sarta de estúpidas pláticas, es que tomó repentinamente de los hombros al Care Ficha embistiéndole un rodillazo tan severo en su esternón, que le hizo vomitar inmediatamente variados y coloridos flujos de una materia espesa y viscosa, donde se veían trozos de cebolla y también vienesa, todo esto acompañado de un flujo abundante de sangre ennegrecida. Luego de esto volteó su cabeza y observando el rostro de terror del Loco Guari le otorgo también un amistoso canillaso de furia en pleno muslo, cayendo este último fuertemente sobre su espalda, convulsionándole la pierna.

-!Ayyyy mamita por la chucha!!-Gritaba el Loco Guary, afirmando su convulsionada extremidad.

-!Teh terriblemente envolahte machucao zi!-Gritaba con odio el El Care Ficha levantándose desde el suelo amenazante, aunque luego de sentir la educadora patada en sus labios (ahora reventados) procedió a cambiar con rapidez su discurso.

-!Ayyyy comparito Bombardio, si uteh eh terrible pulento y siempre a sío tan buena gente oiga hermano.

Bombardio se detuvo mirándolos con seriedad y ya sin odio, rodeado de toda la tropa de lumpen y traficantes de toda índole que le observaban temeroso, cuando entonces habló.-

-!Míren par de malditos weones hipócritas y cobardes, si mañana no están a las 10 de la mañana en punto en el DOJO listos para entrenar, juro que los buscaré y les voy a hacer el medio "FATALYTY" a cada uno, y los buscaré en sus casas, y también debajo de cada piedra hasta hallarlos. !Diez en punto weones, tienen 9 horas para dormir y recuperarse! Ah, y no les cobraré nada el primer mes.

Es así que el Loco Guary y el Care Ficha, a pesar de todos los pronósticos se marcharon silenciosos hacia sus hogares y por primera vez luego de muchísimos años, se durmieron aquella noche de sábado exactamente a las 1:35 de la madrugada, soñando con maremotos y samuráis de ojos ennegrecidos.

Al día siguiente a las 9:55 de la mañana se hallaban con sus buzos FILA y sus Nike Shock, en el DOJO, bajo la mirada curiosa, amable y desconfiada de los demás alumnos.

-Ellos son Rodomiro y Salvador, amigos de mi infancia y empezarán a entrenar desde hoy con nosotros. Quiero que se les enseñe y ayude como sucedió con cada uno de ustedes.-Dijo el sensei Bombardio a sus alumnos.

El entrenamiento se llevó a cabo y el Loco Guary y el Care Ficha, a los diez minutos sentían que la muerte acudiría en cualquier momento.

-Ohh la volá compare fichón, quiero puro llorar zi-Decía el Loco Guary entre risa y dolor.

-Ahh la weá envolá hermano, la pulenta que me va a dar el meo infarto washo-Sugería el Care Ficha, no tan risueño.

Luego de un par de horas ya en los camarines todos los alumnos se habían retirado, mientras los nuevos alumnos aún luchaban por sacarse las poleras. Ya al marcharse el sensei Bombardio los despedía con un abrazo a cada uno y los observaba risueño marcharse caminando adoloridos y sufrientes.

Camino a sus hogares reían del dolor de brazos y piernas. Eran casi las 13:30 mientras los "cabros" recién se retiraban desde la plaza hacia sus casa en estados miserables.

-¿Oye Loco Guary, así nos vemos nosotros luego de un mambo?-Preguntaba a su colega.

-Ohh hermano jajaja, las weá hechiza en todo caso. Con razón nos andamos comiendo a puras cochinas brother-Respondía a su adolorido interlocutor.

Ya en sus casas, no pudieron descansar de inmediato teniendo que colaborar en los quehaceres domésticos con sus madres. También se percataron que sus habitaciones eran un desperdicio de botellas y colillas de cigarro, por lo que a pesa de sus solores decidieron luego de mucho tiempo limpiarlas.

La tarde era suave y los nuevos alumnos ya pasado de las 19 horas decidieron acudir a la plaza a tomarse un par de cevadas.

-Sai shoro, hacía caleeta tiempo que no despertaba un sábado lúcido wn-Mencionó meditabundo a su amigo el Care Ficha.

-Si weón-Sólo atinó a decir el Loco Guary, mientras de espalda al pasto ambos miraban pasar las nubes, así como cuando fueron niños.

-Sai washo, te parece que nos fumemos un caño no mah a la noche, y mañana vamoh a entrenar de nuevo. Si al fin siempre eh la misma weá no mah, conversando lo mismo con los mismos culiaos sin brillo de siempre-Infirió el Loco Guary a su amigo, quien motivado y alegre por el acuerdo estrechó hasta con esperanza su mano.

Las semanas transcurrieron veloces y ya tras seis meses constante de entrenamiento espartano, los nuevos alumnos respiraban nuevos aires. Tras cada entrenamiento sentían sus cuerpos más sanos y fuertes, cuidando ya de su alimentación y su descanso, volviéndose una alegría para sus madres y también poco a poco recuperando el cariño tan perdido de sus pequeños hijos.

-Cacha Guary hermano, esas washas allá del aerobox se están pelando parece. Tan puro sicopateándonos-Decía entusiasta el care Ficha.

-Ohh hermano calmao tení razón, apreta la wata pah que mostremos las calugas, y de ahí a lo que terminemos de de entrenar, les vamos a poner música a las cabras-Respondía alegre el Loco Guary.

El sensei Bombardio notando la situación sólo los observaba risueño.

Más tarde los nuevos alumnos hallaron en estas mujeres no sólo una instancia para pasar el rato, si no que de manera inesperada, a compañeras que se encargaron de sus afectos y también de todas sus tristezas.

Es así que una noche de viernes mientras dirigían se de vuelta de una jornada de entrenamiento, los "cabros" ya reunidos en la plaza salían a saludarlos.

-Weeena shoro, a calmao que ahora son Todo Vale. Hermano saen que aquí con estos 3 cabros vamoh a ir el marte sin falta.

Los transformados Rodomiro y Salvador, le preguntaron entonces al Chico Joel, que quiénes eran los otros tres y entonces acercándose hacia ellos, estos terminaban de inhalar las últimas líneas de coca sobre el banco de la plaza, hablábandoles a penas.

-Qué van a ir a entrenar ustedes chiquillos culiaos si son una tropa de puros vasallos-Les increpó el Care Ficha con severidad.

-!Ahhh weeno y pah que tan picao a shoro pajarraco!-Dijo de pronto el Chico Joel, cuando entonces una fuerte palmada en su oreja lo arrojó a suelo al igual que a los otros tres interesados, dada por el Loco Guary, Salvador, y su compañero Rodomiro Care Ficha.

-Ya cabros culiaos, tienen 9 horas pah descansar y recuperarse y si mañana no llegan a entrenar al DOJO, entonces los vamos a buscar por toa la pobla y debajo de cada piedra pah molerlos con mi compare Guary a pura patá en l´ocico- Les gritó amenazante Rodomiro, mientras desde el suelo los futuros alumnos sólo atinaban a levantar sus dedos pulgares en señal de aprobación.-

- Yo también quiero entrenar cabros. Pero no quiero niguna patá en l´ocico a cambio. Dijo de pronto El Tita, un muchacho alter mundista que de vez en cuando se juntaba con los "cabros" a fumar algún caño, y hablarles de que otro mundo era posible

-Pobre que no lleguí Tita culiao, tay vío zi-Le decía por último Salvador.

Es así que los meses y los años transcurrieron, y narra la historia que fue este el acontecimiento que más tarde hizo de y las demás poblas y de todas sus plazas, un sembradío de alumnos de artes marciales mixtas, los cuales así como en el Japón de antaño colmaban los espacios verdes por decenas para entrenar en ellas todos, y cada uno de sus días bajo la instrucción del Sensei Bombardio, sus alumnos más antiguos y los demás maestros que se unieron más tarde en esta marcial y embellecida cruzada.